dijous, 10 de juny de 2010

Cargar con el clon

Cargar con el clon: "

VENTANA DE OTROS OJOS // MIGUEL DELIBES DE CASTRO


* Profesor de investigación del CSIC


Edurne Pasaban ha coronado recientemente uno de los montes más altos del planeta y se ha convertido así en la segunda mujer de la historia capaz de hollar todas y cada una de las 14 cumbres que superan los 8000 metros. ¡Enhorabuena, Edurne! Ha sido un gran éxito, el resultado de un enorme esfuerzo individual y colectivo, la respuesta exitosa a un reto formidable, físico, económico y mediático. Así lo hemos reconocido. Nadie, que sepamos, ha exigido que esa innegable hazaña deba servir para algo. Hasta ahora no se ha planteado en qué ha mejorado el mundo o qué nuevas puertas ha abierto la ascensión. Tal vez existan, no lo niego, pero por el momento nos basta con celebrar el reto superado.


El triunfo de Edurne ha coincidido en el tiempo y en los medios de comunicación con otro sobresaliente: el bienaventurado nacimiento del primer toro bravo clonado. Se llama Got y ha nacido en Frómista, Palencia. También aquí se trata del resultado de un esfuerzo descomunal, y es la respuesta afortunada a un enorme reto biotecnológico, no demasiado novedoso, es cierto, pero en cualquier caso necesitado de sofisticado conocimiento científico. ¡Enhorabuena, pues, responsables de la Fundación Valenciana de Estudios Veterinarios y el Centro de Investigación Príncipe Felipe! Dicho eso, aceptemos que, aunque hemos superado un difícil listón, hoy por hoy debemos conformarnos con eso, acaba ahí.


He leído en este periódico que la clonación es una técnica muy cara, probablemente antieconómica desde el punto de vista de la explotación pecuaria. Se alude a que su verdadera utilidad radicaría en la conservación de especies en peligro de extinción, y se menciona en particular al lince ibérico, especie que conozco de cerca. Mi sorpresa ha sido mayúscula, porque pensaba justo lo contrario. Creía que eran los ganaderos quienes se esforzaban por seleccionar los mejores animales de acuerdo con sus objetivos, intentando replicarlos en la medida de lo posible. Tal vez en ese escenario los clones tendrían sentido, pero no en la conservación de la naturaleza. Aquí prima la diversidad, el cruzamiento, maximizar y conservar la variabilidad genética; huimos de la consanguinidad como del diablo. Los linces no necesitan clones de sí mismos, sino espacio donde vivir, conejos de los que alimentarse y tranquilidad para aparearse, que lo hacen muy bien y con mucho éxito. Ya sabemos clonar toros bravos y eso está muy bien, pero… ¡que no nos carguen a los conservacionistas con el clon!

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