diumenge, 2 d’abril de 2017

'La presa de hoy' de Dave Langlois






 Cuando eres conocedor de que alguien tiene el impagable don de saber transmitir y de hacer sentir emociones con las palabras, esperas que ese alguien, tarde o temprano, acabe dando facilidades para que ese maravilloso proceder acabe llegando al mayor número de personas posible. Es decir, que publique.

Las palabras, y el hecho de hilvanarlas para darles un sentido especial que transmita y emocione, es sin duda una de las más altas expresiones del arte, a la que yo situaría justo por detrás de la música, la cual me parece la más sublime de todas. A fin de cuentas, ¿qué es la lectura consciente sino la música que forman las palabras en nuestro intelecto?

Bien, pues con Dave Langlois pasó eso. Los que sólo tenemos ocasión de conocerlo a través de sus cortos escritos publicados en formas de mensajes enviados a foros y en otras plataformas virtuales, esperábamos con impaciencia 'algo' suyo que fuera publicado. Tal era, y es, la exquisitez de un simple mensaje suyo enviado a un foro, explicando cómo evolucionan los cantos de las aves vecinas durante los amaneceres o describiendo con cuatro pinceladas de sílabas magistrales el paisaje de ese mismo amanecer visto por el esforzado ciclista que ama a las aves.

No os voy a contar demasiado de la novela. Sólo quiero decir que en ella encontrareis todo lo que acabo de explicar: el don de hacer esas cosas tan bonitas con las palabras, las emocionantes descripciones de las aves y la pasión hacia ellas y hacia la Naturaleza que destila su autor. 

Pero en la novela hay mucho más. La novela es una radiografia del estado actual de la conservación de la Naturaleza. Una radiografia cruel y cruda, dónde Dave ha hecho sus aportaciones para darle curso como historia, una historia dónde encontrar pasión, odio, amor y miedo. Un miedo que, por ser tan brutal y real, da escalofríos.

dilluns, 9 de gener de 2017

Cuando los naturalistas buscan lobos



 Cuando los naturalistas buscan lobos pasa que los encuentran. Y esa es, sin duda, una de las experiencias que más los marcarán. Permanecerán en sus memorias con una nitidez comparable a las emociones humanas más intensas, aunque dicha experiencia haya sido tan efímera que sólo fuera de unos pocos segundos y se haya producido lustros atrás.

Llega un día en que uno pasa de ser un joven naturalista a ser un señor que 'entiende de bichos', en esa edad indeterminada en que ya no se es tan joven para según qué cosas, ni tan mayor como para dejar de hacer según qué otras. Se acumulan experiencias más por el paso de los años que por una vida intensa, llena de aventuras y vivida al límite. Al menos en mi caso.

Un buen día, alguien decide liarse la manta a la cabeza y abre una editorial para publicar todo lo que a los naturalistas nos hubiera encantado encontrar hace veinte años. Alguien que tiene entre ceja y ceja impulsar lo que los anglosajones llaman 'Nature writing', que viene a ser algo como literatura de Naturaleza o naturalista. Y ese alguien, que seguramente tiene en cuenta todo lo anterior, otro buen día decide que qué mejor idea para dar a conocer a uno de los más bellos y proscritos representantes de la fauna ibérica que recoger y publicar los relatos de un grupo más o menos nutrido de naturalistas y conocedores de la especie. Y ese alguien te pide que participes en ese proyecto, y entonces uno cae en la cuenta de que a lo mejor sí que es un señor que entiende de bichos, o que, como mínimo, intenta transmitir la pasión que siente por la Naturaleza, y decide, con jolgorio y agradecimiento, participar.

Y así, he querido imaginarme yo, es como debió nacer la idea de 'Encuentros con lobos'.

Una vez leído y digerido todos y cada uno de los relatos que engloba este título acabado de salir de imprenta, llego a varias conclusiones sobre cómo han sido estos encuentros con lobos y cómo los hemos intentado narrar.

Una primera conclusión ya la he expuesto en el primer parágrafo de esta entrada. Ir a por el lobo, preparar su búsqueda, buscarlo y encontrarlo (o no) es una experiencia que emociona, motiva, produce torrentes de adrenalina, subidones, alegrías, llantos, cursiladas, carcajadas y erizamientos de pelos de distintas partes del cuerpo. Es así. Y así hay que explicarlo. Y así se explica bellamente en todos los relatos. En todos ellos se destila PASIÓN, así, en mayúsculas, respeto y admiración por ese animal tan bello y vilipendiado de la fauna ibérica, tan ansiado, soñado y buscado por los admiradores de la Naturaleza de Península.

Una segunda conclusión al leer el libro. Hubo una persona, una persona admirable, que marcó a toda una generación y que ha supuesto y supone el que aún hoy día el lobo pueda seguir campando por gran parte del territorio ibérico y que su nombre vaya asociado indisolublemente al del gran depredador. Ese alguien fue el Dr. Félix Rodríguez de la Fuente. En la mayoría de los relatos del libro aparece citado directa o indirectamente. Tan honda fue la impronta que Félix consiguió con sus programas, tan intensas eran sus palabras, tan cargadas de dramatismo las escenas en que aparecía el lobo. Estoy convencido de no errar si digo que, como a mi, a muchos naturalistas, al oir hablar del lobo, nos viene a la memoria alguna escena de 'El hombre y la Tierra', acompañada siempre de la tremenda y acertadísima música que compuso el inconmensurable Antón García Abril. Cuánto le debe el lobo a Félix y cuánto de debemos todos a él.

Por último, y para no extenderme más y no aburrir, exponer una última y curiosa conclusión. He encontrado una cierta coincidencia en muchos de los relatos en que se narraban encuentros con lobos. Más en concreto con lobos machos. ¿Todos era enormes, imponentes o soberbios ejemplares? Seguro que sí.


P.S.: Vaya. Me olvidó de lo principal. Evidentemente recomiendo mucho la lectura del libro, no sólo para naturalistas o aficionados (no voy decir lo de 'lectura obligada', aquí nadie obliga a nada), sino para todo aquel que quiera entender por qué motiva tanto la observación de uno de los más grandes tesoros faunísticos de toda Europa. Una joya de las que deberíamos estar orgullosos y que debería contar con la gestión adecuada y merecedora de toda atención.


dimarts, 27 de desembre de 2016

Un petit miracle vermell


Creuàvem una zona desèrtica de la banya d'Àfrica per una pista de sorra blanca i fina que s'amuntegava en petites acumulacions i que feien anar el vehicle d'un costat a l'altre i a una velocitat molt prudent, aixecant del terra parelles o grupets de gangues de gola groga i xurres de cara negra al seu pas. Eren centenars de quilòmetres quadrats d'una desolació blanquinosa i brillant que feria els ulls, esquitxada pels esquelets grisos de matolls i arbres que algun dia van tenir vida i que ara eren testimonis del poder d'un sol totpoderós i tirà. A excepció d'uns pocs ocells i de nosaltres, que estàvem de pas, no semblava que res ni ningú tingués prou recursos ni mitjans per poder viure en aquell racó del món.
En un moment donat vam adonar-nos d'una petita anomalia de color a l'horitzó, una diminuta forma acolorida immòbil al costat de la carretera. Encara era lluny i el cotxe avançava lentament per la pista mig devorada per les dunes. Avorrits com estàvem, vam començar a fer elucubracions sobre què podia ser aquella forma vermellosa que destacava conspícuament en aquella immensitat. Les hipòtesis eren varies i anaven des de la presència d'una erràtica gasela de Thompson o d'un voltor fins a la hilarant idea de trobar-nos davant un anunci publicitari de Coca-Cola. En cap moment se'ns va acudir que allò que vèiem en aquell paisatge erm i tan poc predisposat a generar vida podria ser un ésser humà.
Poques desenes de metres abans d'arribar a la seva alçada ens vam adonar. Era una persona. Estava embolicada amb la manta vermella dels massai i s'esperava asseguda al marge de la carretera. En apropar-nos vam comprovar en absolut silenci i amb estupor que era una nena petita, d'uns sis o set anys. Es va aixecar quan vam arribar a la seva alçada, se li va il·luminar el rostre amb el somriure més sincer i brillant que m'han ofert mai i va saludar amb la mà. El nostre guia i xofer va continuar conduint com si res. En resposta a la nostra pregunta de si calia aturar-nos per interessar-nos per ella, l'home, sense apartar els ulls de la carretera, ens va contestar que no li calia res, que probablement era una nena que anava tota sola a buscar aigua, segurament a desenes de quilòmetres del seu poblat, un viatge que probablement havia de repetir a diari i que li ocupava tota la jornada. El més probable era que ara estigués, simplement, prenent-se un descans.
Amb el pensament de com algú aparentment tan feble i desprotegit es trobava obligat a reviure aquella situació cada dia ens allunyàvem, sense deixar de mirar enrere i amb el cor que se'ns encongia mentre la seva silueta s'anava diluint. Ella continuava saludant, com un petit miracle vermell en el desert.

dimecres, 24 d’agost de 2016

Una guilla al prat


 Em llevo a trenc d'alba. Els altres dormen. Aixeco un pam la finestra de la teulada i escolto i observo els voltants. Hi ha poc bestiar pasturant als petits prats que conformen el domini vital de la casería. Aquestes vaques asturianes, que passen gran part de la seva vida sense gaire contacte amb altres de la seva espècie però que són com un membre més de la família humana, i una somera amb el seu pollí, que encara s'arreceren sota una inmensa alzina.

Des de la plantació d'eucaliptus arriben, més estridents que mai, els gralls d'una cornella. Lluny, els crits semblen trobar el seu eco. Un cargolet refila potent ocult entre els matolls. Aquests matolls, intercalats amb algun peu d'arbre, habitualment una alzina o roure, formen línies de separació entre les diferents parcel·les de pastura, aportant diversitat a la praderia.

Es congreguen les cornelles a la capçada d'un gran eucaliptus. S'empolainen les plomes negres i brillants, aturant-se de tant en tant per cridar i alertar sobre un perill que, aparentment, només elles veuen. Un reflex vermellós i furtiu entre l'herba. Una vaca aixeca el cap sense deixar de remugar. La guilla, més ben dit, el guillot, una bestiota grossa i corpulenta, apareix trotant tranquil·lament amb el morro enganxat al terra. S'atura, ensuma, dirigeix els grans pavellons auriculars cap endavant i sembla escoltar. No gaire lluny, assegut sobre la paret de pedra seca, un gat negre que competeix en lluentor amb les cornelles se la mira amb aparent tranquil·litat. La guineu fa gest de gratar el terra. No mira al gat. O sí? En realitat sí se'l mira, de cua d'ull. El gat intueix alguna cosa i decideix marxar caminant paret avall, cap al refugi humà, on sap que la guilla no s'atrevirà a seguir-lo. Aquesta ha perdut ara tot interès en el que fos que hi havia al terra, si és que hi havia res, i es mira el gat. Avui s'ha escapat, però sap que algun dia l'enxamparà en un lloc i un moment propicis, quan el zel o la passió per la cacera el duguin lluny del refugi humà. I llavors no li serà tan fàcil esmunyir-se.





dissabte, 4 de juny de 2016

Ophrys ficalhoana, primera citació a la Selva i a Catalunya


Diversos exemplars de l'abellera Ophrys ficalhoana, orquídia fins ara desconeguda a Catalunya ha estat localitzada a la comarca de la Selva per Josep Barnés.

divendres, 4 de març de 2016

Notes de camp: Capvespre a Andújar (i II)



 El mirador de Mingorramos es troba situat en un petit turó coronat d'afloraments granítics, oferint una bona vista cap al sud de l'extensa devesa. Les roques són força planeres i amples, el que ens permet acomodar-nos per a preparar el pícnic. No hi ha ningú més, no se sent res, tot i que al darrera mateix hi tenim l'estreta carretera local que creua la serralada de nord a sud. Res que no siguin ocells, remor de vegetació o la brisa suau que precedeix la foscor. Davant nostre, alzinar, matollar i clarianes d'herbassars groguencs. A ponent hi ha un ample tallafoc on ja hi ha conills que flairen petites mates abans de pasturar-les amb les orelles ben aixecades. I si vingués el linx aquí a espiar-los? Papallones a la panxa.

Entrepans, aigua i fruita al costat dels binocles, sempre a mà. Els nens agafen la seva part i s'allunyen uns metres a jugar a paleontòlegs, formant un esquelet de vés a saber quina bèstia primitiva amb branquetes i pedres. Passa un voltor negre a tocar. Enorme. Sentim com talla l'aire. No calen binocles. El seguim amb la vista i veiem com s'atura un centenar de metres més enllà, al nostre darrere, sobre un altre aflorament granític lleugerament més acinglerat on ja hi ha alguns voltors comuns descansant. Alguns d'ells protesten lleument en aterrar el gran voltor sobre una roca apartant als que ja hi eren. Silenci altre cop.

El sol ja està en la seva recta final. Ballesters i falciots cacen molt alt en un cel que va prenent tons violacis. A cada minut apareixen més cérvols arreu, ajaguts o pasturant, molt mandrosos, movent-se lentament. Més a prop, sobre una tanca de filferro, un parell de polls  cridaners de capsigrany són peixats per dos pares que cacen contínuament. No els cal anar gaire lluny, salten des del filat fins al terra i invariablement capturen algun dels abundants ortòpters que campen arreu. Alguns són tan grossos que obliguen als ocells a fer maniobres sobre el filferro de punxes per esquarterar-lo i peixar els pollets. Una mica més enllà hi ha moviments en les branques baixes d'una alzina. Són garses blaves amb un altre ocell de mida similar que en un primer moment no identifiquem. D'entrada ens sembla que pot ser un jove de la mateixa espècie, ja que també l'estan peixant, però quan el podem veure bé descobrim que es tracta d'un jove cucut reial, el qual reclama amb insistència menjar als seus pares adoptius, que també van i venen caçant ortòpters i altres invertebrats. Durant uns minuts em dedico a observar pels voltants d'on es troba el cucut, intentant descobrir algun dels seus veritables pares, els quals el vindran a reclamar per marxar junts cap a l'Àfrica, però no tinc èxit. Probablement sigui massa aviat. No recordo si és gaire habitual que els rabilargos siguin hostatjadors dels cucuts reials, diria que no, ja que aquests prefereixen parasitar nius de garses i rarament ho fan amb altres còrvids. En tot cas és una dada curiosa.

Desvio la mirada cap al tallafoc. Ara hi ha més conills de diferents edats menjant al costat dels marges. Diria que rosseguen fulles i tiges de caps d'ase i gramínies seques. Els més joves juguen entre ells, graten el terra i es persegueixen. Quan van massa esverats sempre hi ha un adult que els crida l'atenció picant el terra amb les potes posteriors. Els conillets deixen els seus jocs i s'acosten als marges de vegetació, on trobaran refugi en cas de perill.

Més lluny i per sota nostra els cérvols tenen un comportament peculiar. Tots els exemplars que observem es troben quiets i mirant cap a una direcció determinada. Diria que fins i tot pateixen una certa tensió. Els exemplars més propers a la suposada amenaça comencen una retirada discreta en direcció contrària. La resta continuen atents, amb la mirada fixa i els pavellons auditius orientats cap al davant. No se sent res, tan sols els nostres comentaris xiuxiuejants. La nostra atenció és màxima, amb els binocles encastats als ulls i cremant-nos les pestanyes per intentar saber que està causant aquest neguit als cérvols. Sigui el que sigui, no fa soroll i no es deixa veure. Per tant semblaria que podem descartar que sigui un gos. Podria ser que fos un caçador furtiu, hi ha moltes peces a caçar i la possibilitat de ser enxampat in fraganti sembla remota en un indret tan aïllat i tan poc transitat. Tot d'una els grupets de cérvols que es troben més propers al lloc d'on procedeix l'amenaça giren cua sobtadament i inicien una fugida explosiva. La resta d'animals, més allunyats de l'amenaça o menys porucs, tensen la musculatura visiblement però no es mouen d'on són. Aguantem la respiració sense deixar de mirar. Lluny, al tàlveg, allà on la vall s'estreta i s'enfosqueix, una ombra, un moviment que passa d'un matoll a l'altre. Sento el cor bategant fortament al pit. La resta de cérvols emprèn la fugida i en pocs segons no en queda cap a la vista. Algunes femelles que van amb cries s'aturen un instant quan ja són lluny, en punts alts, i guaiten enrere. Observen, fan un esbufec nerviós i tornen a córrer. El sol ja s'ha post i la llum que queda és un regal que durarà pocs minuts. Per molt que repassem amb la mirada un i altre cop l'indret on ens ha semblat veure l'ombra, no hi tornem a veure res. Pot un linx causar una espantada com aquesta? Era un llop? O tan sols un gos caçador que passeja discretament vingut d'algun cortijo?

Crepuscle. Decidim tornar abans no sigui negra nit. Això no suposa cap problema pels nens, que abandonen els seus jocs sabent que ara comença el segon safari de la jornada. El més interessant.

Amb l'arribada imminent de la foscor el bosc mediterrani treu a escena totes les formes animades. L'asfalt s'omple de grans ortòpters que caminen i s'aparten d'un salt al pas del cotxe. Grans coleòpters, aparentment escarabats de Sant Joan o escarabats rinoceront, de vol pesat i rectilini creuen l'aire del capvespre i algun d'ells se'ns cola aparatosament per les finestretes, provocant exclamacions i una aturada forçosa del vehicle per tal de tornar-lo a la llibertat. També voleien infinitat d'arnes de totes les mides, algunes de les quals obliguen als ratpenats que intenten capturar-les a realitzar maniobres acrobàtiques. El nombre de cérvols s'ha multiplicat per deu i ara no tenen cap mirament en quedar-se als marges de la carretera o en creuar-la a pas lent. De tant en tant creua una daina, un mufló o un senglar solitari. Afortunadament la solitària carretera permet una conducció lenta i segura, tant per a nosaltres com per a totes les bèsties que se'ns creuen.

No deixem de mirar arreu, sobretot allà on les grans roques s'agrupen, formant talaies i amagatalls que ens semblen factibles de ser utilitzades per algun depredador. També ens aturem a l'alçada dels tallafocs, on els conills són especialment visibles. Allà qualsevol matoll, qualsevol roca o qualsevol soc podria ser un linx immòbil esperant la seva oportunitat. En passar sota uns grans pins creua una guineu prima i àgil, probablement un exemplar jove nascut aquesta primavera. En deixar els arbres enrere s'obre el paisatge. Un mussol comú ens mira en estat alerta des d'una roca propera. Uns metres més endavant, un voluminós animal grata la cuneta. En un principi ens sembla que és un senglar, però en acostar-nos els llums del cotxe il·luminen la inconfusible silueta d'un enorme teixó. L'animal sembla ofuscat en la seva feina i no ens para cap mena d'atenció, fet que ens permet contemplar-lo a plaer. Només quan decidim seguir camí i passen pel seu costat, el teixó aixeca el cap per dedicar-nos una curta mirada i tornar a la feina.

Arribem a les Viñas de Peñallana sense cap més novetat. Però abans d'arribar a casa aquesta serra màgica ens depara una altra sorpresa. Al mig de l'asfalt, ja negra nit, uns petits punts extraordinàriament lluminosos reflexen la llum del cotxe. Són sibocs ajaguts al terra. Un, dos i molt més són els que trobem a mesura que circulem. Alguns romanen incomprensiblement i perillosament quiets, confiats en que el seu críptic plomatge els salvarà de qualsevol perill. Tan sols s'aixequen quan ens veiem obligats a aturar el vehicle i sortir a peu, fent les delícies de tots en poder-los veure a ull nu i de tant a prop. Quina meravella d'ocell.

Ara sí, tornem a casa a dormir.




dimarts, 9 de febrer de 2016

Notes de camp: Capvespre a Andújar (I)

I arriba la tarda. Tot i que el sol és força baix, la calor és ben viva. Un bany a la piscina ajuda a mitigar la sensació constant d'escalfor, si més no durant una estona, que ha imperat tota la jornada. Ara com a mínim hi ha ombres més esteses i no fa mitja basarda quedar-se a ple sol.

Hem preparat un sopar de pícnic i ens disposem a repetir un altre safari crepuscular per a observar fauna. Nervis i emoció poc dissimulats, tant en grans com en petits. Hem tingut la gran sort d'allotjar-nos just al costat del centre de visitants del parc, a Viñas de Peñallana, i ens hem proveït de tota la documentació necessària (i de molta de innecessària també, s'ha de reconèixer). A més hem tingut ocasió de parlar llargament amb el personal del centre, gent jove que s'ha entusiasmat en poder respondre a requeriments molt concrets i amb coneixement de causa.

Enfilem la carretera en direcció nord, on es troba el Santuari de la Virgen de la Cabeza. A banda i banda s'aixequen les viñas, cases unifamiliars de diferent mides, més o menys ostentoses i sovint dissenyades amb un gust certament especial. Totes amb una petita parcel·la al voltant, generalment amb grans eucaliptus i baladres silvestres que creixen lliurement arreu, barrejant tots plegats els seus aromes d'una manera força subtil en una atmosfera immòbil i forçosament eixuta. Després del trencant que condueix cap a Los Escoriales i l'embassament del Jándula (ruta que tenim pendent per a més endavant), les edificacions desapareixen totalment i ara tot el paisatge que s'observa circulant per la carretera és una extensa devesa d'alzines a banda i banda que s'estenen fins a l'horitzó entre petites planes i turons de modesta alçada.

Arribats al pont sobre el riu Jándula decidim fer una aturada per apropar-nos-hi discretament i mirar de sorprendre els mamífers que es comencen a moure amb la fresca. Aquí és un bon indret per deixar el cotxe. La pista, que porta fins a un altre embassament, el de l'Encinarejo, és ampla i molt poc transitada. Estem en una zona molt poc poblada. No se sent cap soroll d'activitat humana. Ni trànsit, ni indústries. Res. El simple fet de tancar la porta del cotxe ja sembla un sacrilegi. Ens quedem aturats durant uns segons observant i parant l'orella per si la nostra sobtada presència ha fet fugit algun dels habitants del bosc. Baixem cap al riu en silenci, atents. L'únic que sentim son les nostres petjades sobre la sorra. Quan t'acostes a un indret ple de vida salvatge ho notes. Hi ha vegetació arreu, calma, i et saps observat per multitud d'ulls en alerta. El Jándula és el típic curs mediterrani ben conservat que sempre té aigua, encara que sigui un estiu sec. I malgrat la sequera i la calor imperant, al riu domina el verd. El bosc de ribera és formidable, amb caducifolis enormes. Freixes, verns, sarges, tamarius i baladres formen una galeria que s'inclina al pas de l'aigua i formen un túnel de vegetació que sembla que vulgui protegir el seu curs. Observant i als pocs minuts d'estar en silenci, comencem a descobrir els elements animats del paisatge. Hi ha conills abeurant en les vores del riu, refugiats entre els matolls que arriben fins a tocar l'aigua. Sobre les roques planes del riu encara hi ha tortugues de rierol, algunes enormes, però la majoria ja són a l'aigua, deixant veure només la punta del caparró mentre agafen aire i observen els voltants. Als nostres peus s'esmuny una serp d'aigua, provocant el pànic entre els capgrossos que pul·lulen en les petites basses que deixa el riu en la seva retirada al disminuir el cabal. Passa un blauet com una espurna blava arran d'aigua. Se senten oriols, les ineludibles garses blaves escridassant-se i granotes verdes que canten mig submergides entre les llenties d'aigua. Lluny, en una raconada discreta del riu, hi ha un bernat pescaire que ens observa. Sobre nosaltres, entre les branques dels caducifolis, hi remenen multitud de petits ocells en silenci. Hi ha teixidors, gafarrons, mallerengues carboneres i blaves i multitud de pinsans i durbecs. Durbecs! Tant confiats i abundants són aquí que ens deixen bocabadats amb la seva presència tan propera. Fem un cop d'ull a les platges de sorra en busca de rastres de llúdriga però no hi ha sort. Les tortugues de rierol salten a l'aigua i el bernat decideix allunyar-se uns metres. Tornem al cotxe. 

La nostra ruta segueix per la carretera que mena directament al santuari de la Virgen de la Cabeza. El trànsit és molt baix i ens permet circular amb la suficient lentitud com per a estar atents al voltants. Les garses blaves es creuen per davant nostre durant tot el recorregut. Als marges o a poca distància ja es veuen els primers cérvols, majoritàriament femelles, i alguns conills. Arribem al mirador de El Peregrino. Aquest és un bon punt d'observació per fer-se una composició espacial de la serra, una inacabable extensió ondulada coberta de vegetació poc densa, trencada en alguns indrets més abruptes per formacions de roca que s'enlairen modestament. Com a exemple, la propera formació del Castellón de San Miquel, el qual repassem una i altra vegada en busca de ducs o altres rapinyaires. Lluny s'aixeca el Cerro Cabezo, que amb prou feines supera els 600 m d'alçada, i allà mateix es perfila amb claredat el santuari i l'àrea  de pícnic que l'envolta.

Petits grups de roques granítiques i herbassars, molt esgrogueïts, tot envoltat per alzines, roures de fulla petita, garrics, llentiscles i estepes. Aquest és el paisatge que s'estén des dels nostres peus fins a l'horitzó. Cap soroll d'origen antròpic. La remor constant dels milers de cigales fent la seva. Se senten mascles de perdiu roja cantant. En descobrim algun enfilat en alguna roca i estirant-se tant com pot. Garses blaves arreu, algun gaig. Més properes, mallerengues blaves i carboneres que s'acosten curioses. Ara se sent un picasoques blau llunyà. Rere el cartell informatiu del mirador, a un pam de terra, hi ha un niu de vespes. Van i venen transportant material inidentificable i algunes preses, majoritàriament erugues. Al cel van creuant voltors de manera esparsa. Deuen dirigir-se a les penyes on dormen. Penjada d'un fil invisible, una àliga marcenca fa l'aleta, potser en l'últim intent de caça de la jornada. Molt enlairats, volen falciots negres. Ni rastre de duc al rocam. Ni de linxs, tot i que fa una pinta tremenda de que hi podrien ser uns i altres. De fet, estem convençuts de que hi són, però de que som incapaços de descobrir. Seguim.

Als pocs quilòmetres arribem a l'àrea de El Jabalí, un espai a tocar del santuari adequat per estacionar vehicles i amb zona de pícnic. Hi ha una imatge en pedra d'un porc senglar, evidentment. De camí hem vist desenes (o centenars?) de cérvols, de totes les mides i edats. Al marge de la carretera, creuant-la o ajaguts sota les alzines, amb un posat tranquil, com si haguessin estat allà sempre però invisibles a voluntat. També unes poques daines i desenes i desenes de conills. Tots i cada un d'ells ha merescut un comentari o un petit ensurt. Tots esperem alguna espècie més, com qualificar-la?, extraordinària? Els nens han anat enganxats al vidre de les finestres durant tot el recorregut, exclamant-se i meravellant-se. La Maite també, tot i que ella de tant en tant es mig girava per recordar-me que jo havia de mirar la carretera.

L'aturada aquí no té cap més interès que estirar les cames, beure i alleugerir altres necessitats fisiològiques. Seguim camí en busca d'un punt més elevat que ens permeti tenir una bona vista mentre sopem.

'La presa de hoy' de Dave Langlois

 Cuando eres conocedor de que alguien tiene el impagable don de saber transmitir y de hacer sentir emociones con las palabras, esp...