dilluns, 15 de maig de 2017

Racons de la Selva

Paisatges que val més que no siguin gaire coneguts i que es preservin sense intervenció i en l'anonimat. Comarca de la Selva.

Fes un cop d'ull al tuit de @alfonsdg: https://twitter.com/alfonsdg/status/860919789623152640?s=09

Aus migratòries i estany de Sils a Ser Girona

http://cadenaser.com/emisora/2017/05/12/radio_girona/1494574603_950067.html?ssm=tw

divendres, 12 de maig de 2017

'Pájaros en la cabeza' @ramonhoms @TundraEdiciones @victorjhernandz


 Leí 'Malalt d'ocells' (enfermo de pájaros) hace casi tres lustros, poco después de su publicación. Por aquel entonces no conocía a Ramón Homs, uno de sus autores, pero sí que era yo un pajarero de los de manual, de pájaros anidando en la cabeza hacía ya bastante tiempo. De hecho, al contrario que el protagonista del libro, creo que siempre lo he sido. Un pajarero o, más bien, un bichero. Creo que nací siendo así. 

Tampoco era entonces padre de familia. Me faltaban aún unos cuantos años para serlo pero en mi imaginación me veía como padre llevando a mis hijos a observar pájaros en largas y emocionantes excursiones en plena Naturaleza. Y esa fue una de las facetas de la novela que se grabó en mi memoria. En cierto modo, al leerla me vi retratado a mi mismo en un deseado futuro. Me reconocí en el protagonista en muchas de las escenas, y un servidor, que es niñero y sensible en todo lo que concierne a la infancia, se emocionó mucho con algunos pasajes del libro. 

Los años pasaron y llegaron mis hijos. Y quiso el destino que Ramón y yo nos conociéramos y que entabláramos amistad. No pocas de las escenas del libro se proyectaron en mi vida real estando de pajareo ya con mis niños, y eso es algo que he comentado con Ramón más de una vez. 

Todo ésto para decir que muchas de las situaciones que se relatan en la novela están tan ajustadas a la realidad que estoy seguro que más de un lector sonreirá y se sentirá identificado. Y ésto sólo lo puede conseguir alguien que, como Ramón y Xavier, lo habían conocido de primera mano. 

'Pájaros en la cabeza' es, sin duda, un libro divertidísimo, pero también es un elogio a la pasión por la Naturaleza y una llamada sensible a la amistad, a la familia (en el sentido más amplio de la palabra), y a todas las relaciones humanas. 

diumenge, 2 d’abril de 2017

'La presa de hoy' de Dave Langlois






 Cuando eres conocedor de que alguien tiene el impagable don de saber transmitir y de hacer sentir emociones con las palabras, esperas que ese alguien, tarde o temprano, acabe dando facilidades para que ese maravilloso proceder acabe llegando al mayor número de personas posible. Es decir, que publique.

Las palabras, y el hecho de hilvanarlas para darles un sentido especial que transmita y emocione, es sin duda una de las más altas expresiones del arte, a la que yo situaría justo por detrás de la música, la cual me parece la más sublime de todas. A fin de cuentas, ¿qué es la lectura consciente sino la música que forman las palabras en nuestro intelecto?

Bien, pues con Dave Langlois pasó eso. Los que sólo tenemos ocasión de conocerlo a través de sus cortos escritos publicados en formas de mensajes enviados a foros y en otras plataformas virtuales, esperábamos con impaciencia 'algo' suyo que fuera publicado. Tal era, y es, la exquisitez de un simple mensaje suyo enviado a un foro, explicando cómo evolucionan los cantos de las aves vecinas durante los amaneceres o describiendo con cuatro pinceladas de sílabas magistrales el paisaje de ese mismo amanecer visto por el esforzado ciclista que ama a las aves.

No os voy a contar demasiado de la novela. Sólo quiero decir que en ella encontrareis todo lo que acabo de explicar: el don de hacer esas cosas tan bonitas con las palabras, las emocionantes descripciones de las aves y la pasión hacia ellas y hacia la Naturaleza que destila su autor. 

Pero en la novela hay mucho más. La novela es una radiografia del estado actual de la conservación de la Naturaleza. Una radiografia cruel y cruda, dónde Dave ha hecho sus aportaciones para darle curso como historia, una historia dónde encontrar pasión, odio, amor y miedo. Un miedo que, por ser tan brutal y real, da escalofríos.

dilluns, 9 de gener de 2017

Cuando los naturalistas buscan lobos



 Cuando los naturalistas buscan lobos pasa que los encuentran. Y esa es, sin duda, una de las experiencias que más los marcarán. Permanecerán en sus memorias con una nitidez comparable a las emociones humanas más intensas, aunque dicha experiencia haya sido tan efímera que sólo fuera de unos pocos segundos y se haya producido lustros atrás.

Llega un día en que uno pasa de ser un joven naturalista a ser un señor que 'entiende de bichos', en esa edad indeterminada en que ya no se es tan joven para según qué cosas, ni tan mayor como para dejar de hacer según qué otras. Se acumulan experiencias más por el paso de los años que por una vida intensa, llena de aventuras y vivida al límite. Al menos en mi caso.

Un buen día, alguien decide liarse la manta a la cabeza y abre una editorial para publicar todo lo que a los naturalistas nos hubiera encantado encontrar hace veinte años. Alguien que tiene entre ceja y ceja impulsar lo que los anglosajones llaman 'Nature writing', que viene a ser algo como literatura de Naturaleza o naturalista. Y ese alguien, que seguramente tiene en cuenta todo lo anterior, otro buen día decide que qué mejor idea para dar a conocer a uno de los más bellos y proscritos representantes de la fauna ibérica que recoger y publicar los relatos de un grupo más o menos nutrido de naturalistas y conocedores de la especie. Y ese alguien te pide que participes en ese proyecto, y entonces uno cae en la cuenta de que a lo mejor sí que es un señor que entiende de bichos, o que, como mínimo, intenta transmitir la pasión que siente por la Naturaleza, y decide, con jolgorio y agradecimiento, participar.

Y así, he querido imaginarme yo, es como debió nacer la idea de 'Encuentros con lobos'.

Una vez leído y digerido todos y cada uno de los relatos que engloba este título acabado de salir de imprenta, llego a varias conclusiones sobre cómo han sido estos encuentros con lobos y cómo los hemos intentado narrar.

Una primera conclusión ya la he expuesto en el primer parágrafo de esta entrada. Ir a por el lobo, preparar su búsqueda, buscarlo y encontrarlo (o no) es una experiencia que emociona, motiva, produce torrentes de adrenalina, subidones, alegrías, llantos, cursiladas, carcajadas y erizamientos de pelos de distintas partes del cuerpo. Es así. Y así hay que explicarlo. Y así se explica bellamente en todos los relatos. En todos ellos se destila PASIÓN, así, en mayúsculas, respeto y admiración por ese animal tan bello y vilipendiado de la fauna ibérica, tan ansiado, soñado y buscado por los admiradores de la Naturaleza de Península.

Una segunda conclusión al leer el libro. Hubo una persona, una persona admirable, que marcó a toda una generación y que ha supuesto y supone el que aún hoy día el lobo pueda seguir campando por gran parte del territorio ibérico y que su nombre vaya asociado indisolublemente al del gran depredador. Ese alguien fue el Dr. Félix Rodríguez de la Fuente. En la mayoría de los relatos del libro aparece citado directa o indirectamente. Tan honda fue la impronta que Félix consiguió con sus programas, tan intensas eran sus palabras, tan cargadas de dramatismo las escenas en que aparecía el lobo. Estoy convencido de no errar si digo que, como a mi, a muchos naturalistas, al oir hablar del lobo, nos viene a la memoria alguna escena de 'El hombre y la Tierra', acompañada siempre de la tremenda y acertadísima música que compuso el inconmensurable Antón García Abril. Cuánto le debe el lobo a Félix y cuánto de debemos todos a él.

Por último, y para no extenderme más y no aburrir, exponer una última y curiosa conclusión. He encontrado una cierta coincidencia en muchos de los relatos en que se narraban encuentros con lobos. Más en concreto con lobos machos. ¿Todos era enormes, imponentes o soberbios ejemplares? Seguro que sí.


P.S.: Vaya. Me olvidó de lo principal. Evidentemente recomiendo mucho la lectura del libro, no sólo para naturalistas o aficionados (no voy decir lo de 'lectura obligada', aquí nadie obliga a nada), sino para todo aquel que quiera entender por qué motiva tanto la observación de uno de los más grandes tesoros faunísticos de toda Europa. Una joya de las que deberíamos estar orgullosos y que debería contar con la gestión adecuada y merecedora de toda atención.


dimarts, 27 de desembre de 2016

Un petit miracle vermell


Creuàvem una zona desèrtica de la banya d'Àfrica per una pista de sorra blanca i fina que s'amuntegava en petites acumulacions i que feien anar el vehicle d'un costat a l'altre i a una velocitat molt prudent, aixecant del terra parelles o grupets de gangues de gola groga i xurres de cara negra al seu pas. Eren centenars de quilòmetres quadrats d'una desolació blanquinosa i brillant que feria els ulls, esquitxada pels esquelets grisos de matolls i arbres que algun dia van tenir vida i que ara eren testimonis del poder d'un sol totpoderós i tirà. A excepció d'uns pocs ocells i de nosaltres, que estàvem de pas, no semblava que res ni ningú tingués prou recursos ni mitjans per poder viure en aquell racó del món.
En un moment donat vam adonar-nos d'una petita anomalia de color a l'horitzó, una diminuta forma acolorida immòbil al costat de la carretera. Encara era lluny i el cotxe avançava lentament per la pista mig devorada per les dunes. Avorrits com estàvem, vam començar a fer elucubracions sobre què podia ser aquella forma vermellosa que destacava conspícuament en aquella immensitat. Les hipòtesis eren varies i anaven des de la presència d'una erràtica gasela de Thompson o d'un voltor fins a la hilarant idea de trobar-nos davant un anunci publicitari de Coca-Cola. En cap moment se'ns va acudir que allò que vèiem en aquell paisatge erm i tan poc predisposat a generar vida podria ser un ésser humà.
Poques desenes de metres abans d'arribar a la seva alçada ens vam adonar. Era una persona. Estava embolicada amb la manta vermella dels massai i s'esperava asseguda al marge de la carretera. En apropar-nos vam comprovar en absolut silenci i amb estupor que era una nena petita, d'uns sis o set anys. Es va aixecar quan vam arribar a la seva alçada, se li va il·luminar el rostre amb el somriure més sincer i brillant que m'han ofert mai i va saludar amb la mà. El nostre guia i xofer va continuar conduint com si res. En resposta a la nostra pregunta de si calia aturar-nos per interessar-nos per ella, l'home, sense apartar els ulls de la carretera, ens va contestar que no li calia res, que probablement era una nena que anava tota sola a buscar aigua, segurament a desenes de quilòmetres del seu poblat, un viatge que probablement havia de repetir a diari i que li ocupava tota la jornada. El més probable era que ara estigués, simplement, prenent-se un descans.
Amb el pensament de com algú aparentment tan feble i desprotegit es trobava obligat a reviure aquella situació cada dia ens allunyàvem, sense deixar de mirar enrere i amb el cor que se'ns encongia mentre la seva silueta s'anava diluint. Ella continuava saludant, com un petit miracle vermell en el desert.

dimecres, 24 d’agost de 2016

Una guilla al prat


 Em llevo a trenc d'alba. Els altres dormen. Aixeco un pam la finestra de la teulada i escolto i observo els voltants. Hi ha poc bestiar pasturant als petits prats que conformen el domini vital de la casería. Aquestes vaques asturianes, que passen gran part de la seva vida sense gaire contacte amb altres de la seva espècie però que són com un membre més de la família humana, i una somera amb el seu pollí, que encara s'arreceren sota una inmensa alzina.

Des de la plantació d'eucaliptus arriben, més estridents que mai, els gralls d'una cornella. Lluny, els crits semblen trobar el seu eco. Un cargolet refila potent ocult entre els matolls. Aquests matolls, intercalats amb algun peu d'arbre, habitualment una alzina o roure, formen línies de separació entre les diferents parcel·les de pastura, aportant diversitat a la praderia.

Es congreguen les cornelles a la capçada d'un gran eucaliptus. S'empolainen les plomes negres i brillants, aturant-se de tant en tant per cridar i alertar sobre un perill que, aparentment, només elles veuen. Un reflex vermellós i furtiu entre l'herba. Una vaca aixeca el cap sense deixar de remugar. La guilla, més ben dit, el guillot, una bestiota grossa i corpulenta, apareix trotant tranquil·lament amb el morro enganxat al terra. S'atura, ensuma, dirigeix els grans pavellons auriculars cap endavant i sembla escoltar. No gaire lluny, assegut sobre la paret de pedra seca, un gat negre que competeix en lluentor amb les cornelles se la mira amb aparent tranquil·litat. La guineu fa gest de gratar el terra. No mira al gat. O sí? En realitat sí se'l mira, de cua d'ull. El gat intueix alguna cosa i decideix marxar caminant paret avall, cap al refugi humà, on sap que la guilla no s'atrevirà a seguir-lo. Aquesta ha perdut ara tot interès en el que fos que hi havia al terra, si és que hi havia res, i es mira el gat. Avui s'ha escapat, però sap que algun dia l'enxamparà en un lloc i un moment propicis, quan el zel o la passió per la cacera el duguin lluny del refugi humà. I llavors no li serà tan fàcil esmunyir-se.





dissabte, 4 de juny de 2016

Ophrys ficalhoana, primera citació a la Selva i a Catalunya


Diversos exemplars de l'abellera Ophrys ficalhoana, orquídia fins ara desconeguda a Catalunya ha estat localitzada a la comarca de la Selva per Josep Barnés.

Racons de la Selva

Paisatges que val més que no siguin gaire coneguts i que es preservin sense intervenció i en l'anonimat. Comarca de la Selva. Fes un co...